El proceso de selección constó de cuatro entrevistas a lo largo de dos semanas. Las tres primeras entrevistas dejaron una buena impresión en general, aunque encontré que las preguntas y la explicación del puesto fueron prácticamente idénticas en cada una. Perfectamente, podrían haber hecho una sola reunión con varias personas, en lugar de hacerme acudir a las oficinas tres veces durante mi horario laboral. Aun así, lo entendí.
Un detalle que me llamó la atención fue la segunda entrevista, programada en mi hora de comida. Al mencionarlo, me dijeron que sería una conversación informal y que me invitarían a comer algo en un local cercano, pero esto no sucedió. La entrevista duró una hora y media, y ni siquiera me ofrecieron agua.
La cuarta entrevista fue la peor experiencia que he tenido en un proceso de selección. Llegó tarde a la sala de reuniones, entró sin llamar, y ni siquiera me dirigió la mirada al sentarse. Con una actitud extremadamente arrogante, me dijo que no sabía quién era ni había revisado mi CV, algo que nunca me había pasado antes y que me hizo sentir muy incómoda. Me pidió que le resumiera mi experiencia laboral y académica de forma "breve y concisa" porque, según él, no tenía tiempo que perder. Sin embargo, mientras comenzaba a explicarle, me interrumpió de manera brusca, levantando la mano para indicarme que no estaba siendo clara. Entonces, me exigió que le diera solo los nombres de las empresas, el tiempo que estuve en cada una y las razones de mi salida.
Intenté seguir sus instrucciones, pero al poco tiempo volvió a interrumpirme, esta vez pidiéndome que hablara en catalán. Le expliqué que aunque podía hacerlo, me sentía más cómoda hablando de trabajo en inglés o español. Su respuesta fue grosera y condescendiente; cambió al catalán (mal hablado, con muchas palabras castellanizadas) y me interrogó sobre mi nivel de catalán, dónde había estudiado y cómo era posible que, siendo de Barcelona, no lo hablara "como una nativa". En ese momento, debí haberme levantado e irme, pero mantuve la compostura y le respondí en catalán. Al terminar, me dijo que para él era crucial que hablara catalán sin acento castellano, ya que habría muchos eventos con instituciones catalanas. Le expliqué que en mi trabajo actual, en el mismo sector, me relaciono constantemente con estas instituciones y nunca he tenido ningún problema.
Ha pasado un mes desde esa entrevista y no he recibido noticias. Envié un correo a RRHH y nunca me respondieron. Además, en ninguna de las entrevistas se habló del salario, lo cual considero una señal de alerta importante.
Como se suele decir en inglés: "I dodged a bullet".